Yogyakarta

En Bandung, a unos 60km de Cianjur, tomaríamos el tren que nos lleva a Yogyakarta tras unas 8 horas de viaje. El elegido fue el que sale a las 7:30 am. Al principio pensamos que el viaje se nos haría largo y pesado pero realmente la clase ejecutiva es cómoda, con aire acondicionado, los baños son limpios, tiene un modesto vagón restaurante con lo cual el viaje fue más que agradable.

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Durante el trayecto podemos disfrutar de las vistas de los campos de arroz, y la gente trabajando en ellos. Los pueblos y sus características; vemos “el interior de un país”. Pedro ya acostumbrado a viajar se entretiene bastante con los dibujitos de la Tablet, jugando con mamá y papá y recorriendo los vagones de ida y vuelta unas cuantas veces. En fin… viajar en tren con niños puede ser muy placentero!

 

 

La estación de trenes de Yogya se encuentra casi en el centro de la ciudad. Desde allí, es muy sencillo llegar a la calle Malioboro, la arteria principal y más conocida de esta histórica ciudad, una de las más antiguas del país, y el único Sultanato aun existente.

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También es una de las más visitadas, no hace falta más que recorrer un poco sus calles y callejones en la zona entre la estación y Malioboro para darse cuenta que están plagadas de hoteles, hostales y pensiones, así como de restaurantes y tiendas de todo tipo. Una agradable combinación entre lo cotidiano y turístico que nos sienta bien desde el principio… desde la calurosa bienvenida que obtuvimos en la oficina de turismo (mejor dicho “mostrador”) que se encuentra a la salida de la estación. Tras las indicaciones y un mapa en la mano, sorteando la acalorada oferta de transporte al asecho, decidimos caminar por sus callejones dejando atrás las colapsadas calles principales en dirección a nuestra “guest house”.

Supuestamente estaríamos estratégicamente ubicados entre el centro y la zona del Palacio del Sultán, así lo indicaban tanto el mapa de booking.com como el que teníamos en la mano… y los cojones!!! Mapas engañosos!!! Al sólo indicar las calles principales obviando los callejones y callejuelas…todo parece estar más cerca en el papel. Luego de caminar lo que pareció una eternidad con Pedro y su resistencia a la caminata, por fin, llegamos.

Un par de horas después y en tuc tuc (el típico transporte a pedales) ya estábamos de vuelta en Malioboro Street, viviendo la tarde/noche de Yogya. La calle es un show en si misma, se concentra allí todo tipo de comercio pero se destaca el textil con las camisetas en los puestos callejeros desde 25.000 RP (menos de 2€) y los “Batiks” ya más subidos de precio al ser la estrella del lugar. A esto se le suman los puestos de comida y las variantes de transporte para recorrerla: carros tirados x caballos a los que Pedro adora ver pasar; motos, taxis, y los famosos tuk tuk impulsados a pedal por un local (a motor algunos), siempre dispuesto a llevarte y discutir el precio.

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Es una verdadera tentación para el consumo pero una de las “marcas registradas” de nuestro viaje ha sido la NO compra de ningún tipo de souvenires, o de cualquier cosa… básicamente porque no necesitamos nada más de lo que tenemos y además no tenemos lugar en las mochilas, asique la calle Malioboro sólo nos atrajo por sus colores, olores y sonidos… ( y un eslogan en las camisetas: “MY TRIP MY ADVENTURE”… que gran verdad!)

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Ya agobiados por el tumulto nos metimos en una de las callecitas internas buscando un poco de tranquilidad y algún lugar donde comer Westerner! Luego de unos días en Yakarta y otros en Cianjur exclusivamente con comida local, donde los platos estrella son el arroz y los noodles, teníamos unas ganas locas de un poco de proteínas acompañada de una cervecita! Encontramos el lugar, y unos españoles que también andaban buscando la bebida dorada. Y allí, luego de una linda charla, comimos, bebimos, y para el hotel contentos otra vez en tuk tuk. Pedro, el más contento!

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Al día siguiente ya estábamos listos para recorrer la Zona histórica del Palacio del Sultan y sus alrededores, a pesar de no confiar en el plano, nos fuimos caminando por las callejuelas, que verdaderamente tienen algo especial, no sólo porque los vecinos se encargan de mantenerlas bonitas con plantas, flores y pájaros en diferentes modelos de jaulas, algo arraigado en su cultura, sino también porque ellos mismos son los que se prestan a intercambiar algunas palabras, charlas, sonrisas, etc.

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Si no fuera por la gente dispuesta a indicarte el camino, no es sencillo moverte. Es mas bien un laberinto… y ni te cuento con Pedro que se resiste a avanzar o para a jugar en cualquier lugar y con cualquier excusa… que paciencia!!!

Una vez en el conjunto monumental rodeado de paredes blancas y arcos como puertas la primer parada: el museo donde jugamos un poco con unos niños que allí estaban. A unos 300 metros de allí se encuentra la entrada del palacio y las taquillas pagamos la respectiva entrada con guía: una simpática señora que nos acompaña por sus salas. Es bonito pero austero comparado con los Europeos, igual muy interesante, se pueden ver objetos de valor y curiosos, sus jardines, cuadros y fotos de sus varios inquilinos. Estábamos casi solos, así que Pedro, corrió, toco, salto e hizo casi lo que quiso ganándose la complicidad de la guía y de los guardias que estaban más dispuestos a jugar que a cuidar!

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A la salida, ya la hora del almuerzo y viendo como venía nuestro pequeño acompañante, negociamos un recorrido de la zona con un tuc tuc de un par de horas por solo 40.000RP (algo más de 2€) que también ,por supuesto, incluiría visitas a tiendas, restaurantes y todo lo que el pobre hombre pudiera pillar algo de comisión… no importaba, nos dejaríamos querer. Y así fue, Restaurante “Sultan Gardens” , un lugar precioso perteneciente a la familia del Sultán, buffet, bien atendidos…impecable! Para nuestra sorpresa cuando pedimos la cuenta… sólo 170.000 RP (12€ todo!).

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De allí a una demostración de marionetas realizados a mano en cuero. Luego de una muy buena explicación del dueño del lugar acerca del significado de las marionetas, sus colores y formas, no tuvimos más remedio que romper nuestro pacto de “no souvenires” y comprar dos. Muy bonitos!

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Primero dibujan y cortan el cuero

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luego pintan a mano

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Teatro de luces y sombras

Paseamos por el Templo del Agua y otros edificios. Antes de acabar nos suelta la esperada pregunta: ¿quieren ver cómo se fabrica el batik? La respuesta fue unánime: Si (estábamos a la venta!!). Unos minutos más tarde teníamos en las manos un Batik en estado inicial, es decir sólo la tela blanca con el dibujo en cera derretida antes de pasar por el proceso de coloración.  El artista nos miraba sin entender que nos gustara así… ni siquiera sabía qué precio decirnos. Luego de dibujar sobre la tela con la cera derretida, ésta se tiñe con un color, luego se seca, luego se vuelve a teñir con otro color, y asi hasta conseguir la combinación deseada. Finalmente se quita la cera, y el dibujo queda plasmado sobre la tela.

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Yogya es el punto de partida para visitar los templos de Borobudur, el más grande templo Budista del mundo y Prambanan un complejo de templos Hinduista y Budistas. Ambos de gran importancia histórica. Hacia Borobudur partimos esa misma tarde.