Porqué Cianjur? (Parte 1)

Las sensaciones que despierta un destino u otro son extremadamente subjetivas. Dependen no sólo de lo hermoso del paisaje y de lo bien informado que esté el guía en algún tour. Lo mucho que nos guste algún lugar también es consecuencia de la atención que recibamos en nuestro hospedaje, de cómo nos sentimos interiormente, de la conexión que establezcamos con los lugareños, entre otros tantos motivos.

 

Por esto, hemos dedicado dos entradas a un pequeño pueblo en West Java llamado Cianjur (ver mapa), que quizás para la mayoría no tenga mucho valor turístico. Pero para nosotros hermoso! Primero porque ratifica nuestra sensación de que los lugares menos turísticos son los que nos presentan situaciones más inesperadas y nos dejan más anécdotas emocionales. Segundo, porque nos vuelve a convencer de la bondad humana a cambio de nada (es decir, no somos sólo una fuente de ingresos con moneda preciada). Y por último, porque estos lugares desprovistos de todo lujo y orden, más cercano a lo que nunca haríamos, nos hace perder la estructura mental, nos abre los ojos y el corazón de una manera diferente, nos obliga a dejar atrás mañas y a adaptarnos al medio.

El medio no se adapta a nuestro rol de turistas. No nos esperan con bombones en la almohada. Ni toallas blancas perfumadas.

Somos nosotros quienes debemos adaptamos. Y lo logramos. Y somos felices.

Esto nos sucedió en Cianjur.

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Cuando llegamos a Indonesia teníamos en mente entre otras cosas: conocer algunos lugares como Yogyakarta y sus templos, Komodo y los dragones, hacer una “work experience” en algún lugar perdido y luego hacer relax en la famosa y codiciada isla de Bali. Si bien nuestro paso por Yakarta fue corto, los días allí nos sirvieron de paragolpes y así anticipar un recorrido plasmado de colores, aromas y gente… mucha gente!

Ya mencionamos en nuestra entrada anterior que Indonesia tiene algo así como 260 millones de habitantes, y éste es un dato que se siente a cada paso.

Porqué ir a Cianjur? La razón es que habíamos contactado con un lugareño mediante la web workaway.com: trabajo a cambio de hospedaje. Un profesor de Inglés local nos ofrecía una habitación en su casa a cambio de unas horas de clases en su instituto. (que daría Ro… claro está). Algo perfecto para ver cómo se enseña inglés por esta parte del mundo… a la vez que conoceríamos cómo vive una familia indonesia. El anfitrión nos había escrito muy entusiasmado, diciendo que nos esperaba. Nosotros nos lanzamos de cabeza, aún sin tener la respuesta definitiva y confiando en nuestra suerte.

El medio de transporte elegido fue el tren. Por sugerencia de Agam (nuestro anfitrión en la capital) y con su ayuda compramos previamente los boleto en una pequeña maquina de pantalla táctil que hay en los mini-markets ( ej:Indomarts). Son muy interesantes ya que puedes comprar billetes de avión, bus, hacer trámites, pagar cosas, etc. Muy útil ya que también está en ingles (jamás se nos hubiera ocurrido, apuntar el dato!).

 

Las indicaciones eran “aparentemente” claras: Desde nuestra estación de Universidad de Yakarta hasta la de Bogor Central en tren metropolitano, una vez allí debíamos cambiar a la estación “Bogor Peledang” a unos metros, desde donde saldría nuestro tren. Suena sencillo, no?

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En los abarrotados trenes metropolitanos, es admirable la reacción de la gente de ceder los escasos asientos a las madres con niños automáticamente al entrar. Ro y Pedro no son la excepción y en nuestro caso este echo es acompañado de varias miradas cómplices y sonrisas que dan pie para el típico “ Hello! Where are you from?“ como comienzo de charlas, preguntas, practicar algo de inglés y por supuesto las fotos. Pedro acapara todas las miradas y es blanco de todas las sonrisas. Así conocimos más por causalidad que por casualidad al simpático Ángel, un indonesio cristiano ( y lo mencionamos porque en el país con más musulmanes del mundo es una curiosidad) que se mostró desde el principio muy amable, y fue nuestro “ángel” por un rato.

Cuando se enteró de donde pretendíamos ir, se le transformó la cara. Su expresión delataba confusión – la misma que hay para llegar de una estación a la otra. Nos alertó de la dificultad para hacer el traspaso y decidió acompañarnos. Quizás si no lo hubiéramos conocido, aún estaríamos buscando la dichosa estación!

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Llega el tren y de repente nos encontramos en unos estrechos andenes colmados de gente, al punto que muchos saltaban a las vías para agilizar el paso. Aquí no hay rampas y los obstáculos son los protagonistas.

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Mano en alto Ángel pregunta a algunas personas el camino correcto y nos indica que sigamos, cruzando una gran avenida colmada de coches, motos, vendedores, gente – mucha gente -, luego de 200 metros nos metemos por una callejuela sin asfalto, por detrás de las calles principales ( de película de terror), cruzamos unas vías y al final luego de varios puestos (chabolas de chapa) se encontraba un viejo edificio perdido entre las motos y a un lado un gran techo con un cartel. Era nuestra estación!!

 

Nadie por allí parecía hablar inglés. Nuestro ángel pregunta en indonesio si el tren era el correcto, si el horario era el correcto, nos presenta a los guardias y a unos pasajeros que allí esperaban. Una vez cerciorado de la veracidad de los datos se sienta y nos dice que espera hasta que nos subamos al tren! No lo podíamos creer… tanta bondad… Era ya el mediodía, lo invitamos a comer y creo que insistimos tanto que decidió despedirse para no sentir el compromiso de la invitación, queríamos abrazarlo. Pero nos contuvimos…. Sin él, seguramente hubiese sido todo mucho más complicado.

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Nuestro Angel

Con algunas horas de gracia antes de que llegue nuestro tren decidimos sentarnos en uno de los pequeñísimo puestos de comida frente a la estación. De pronto comienza a llover, casi todo lo que no había llovido en meses. En pocos minutos la calle que nos separa de la estación se llena de charcos, el puestito nos cubre bien pero comienza a llenarse de gente. Pedro comienza a sentir una irrefrenable tentación de ir a jugar bajo el agua… como la familia “Pig” de sus dibujitos.

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Fue inútil insistir que se quedase con nosotros… y nos regaló uno de los momentazos del viaje! No sólo a nosotros sino a todos los pasajeros que esperaban. Todos lo mirábamos absortos pero con una sonrisa dibujada mientras el saltaba, salpicaba, corría, gritaba y reía… desbordaba de felicidad.. y la transmitía!

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Se aproximaba la hora, lo convencimos de preparase para irnos. Llega el tren y al grito de los que estaban en el puesto “Bye Bye Pedro”, nos subimos a nuestro vagón en clase ejecutiva, y partimos. Pedro cae rendido. Nos espera un viaje de 5 horas, pasando por campos de arroz, puentes un tanto endebles, pequeños pueblitos donde las vías del tren podrían pasar por la cocina de las casas y barreras donde una cantidad infinita de motos se agolpan esperando la señal que les permitirá continuar.

No teníamos aun noticias de nuestro supuesto nuevo “host”. Volvemos a enviar un mensaje, pidiendo dirección e indicaciones. Nadie respondió nunca. Pero nosotros ya estábamos a 2 horas de llegar, por lo que decidimos buscar hospedaje de último momento.

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La primera búsqueda la hicimos como siempre por Booking.com, para ver qué precios se manejaban por ahí. Para nuestra sorpresa, no había ningún hotel ni hospedaje publicados en la web… Y ahora?

El segundo intento fue vía Airbnb.com y aquí apareció un sólo resultado! Nos quedaríamos en BULE Home Stay por RP 160.000 (11€)l a habitación con desayuno incluido.

Llegamos y nos encontramos con una modesta habitación en un primer piso de la casa familiar con dos colchones en el suelo y sus respectivos mosquiteros. Todo pasó tan rápido que nuestro anfitrión ni siquiera había sacado su ropa de trabajo, aún colgada del perchero de la habitación, es decir su habitación.

Abajo, una actividad familiar importante, 4 niños, hermanos, cuñadas, amigos… se respiraba un buen ambiente. Pedro aún no entra en confianza…pero sabemos que le gusta compartir con niños las estadías… ellos lo miran…se miran.

Nos acompañan a cenar en uno de los puestos de la calle principal, chapurrean ingles, algunas señas, nos traducen, allí nadie habla otro idioma pero nos esperan y nos cuidan…Éste fue el primer indicio de la amabilidad de los dueños de casa.

Ya dispuestos a dormir nuestro anfitrión llega y nos conocemos. Le contamos el porqué de nuestra visita a su pueblo. Él también es profesor, enseguida contacta con un amigo suyo que también es profe de Inglés y nos arregla una visita a una escuela secundaria rural donde trabaja…genial!

Nuestra primera noche fue rara. Nos preguntábamos todo el tiempo: “Qué hacemos acá?” Nos mirábamos ahí tendidos en el suelo, y entre risas y miradas desconcertadas pensábamos qué dirían nuestras familias si hubiesen visto esas condiciones… Nos imaginábamos las caras… Seguro algún familiar se llevaría las manos a la boca en señal de horror… A otros le brillarían los ojos, curiosos e interesados por saber más… Alguno que otro nos preguntaría “Con qué necesidad?”

Pero allí estábamos, disfrutando de la charla que se estaba engendrando; felices con las conclusiones.

Nos dormimos tranquilos, sin saber las sorpresas que nos esperaban en aquel pueblito perdido en las montañas… sin saber que nos esperaban momentos llenos de… (continuará…)

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Un comentario en “Porqué Cianjur? (Parte 1)

  1. Esto no se hace. Yo no les enseñe a hacer esto. No pueden dejar a la gente en ascuas. Esto no una novela de suspenso. Jajajaja
    Que maravilloso. Realmente parece de película. Seguramente será como con las fotos no? Nunca se podrá plasmar en una foto la grandiosidad de un paisaje o lo mágico de un instante vivido. Cualquier anécdota, por más detallada que se escriba o cuente, jamás podrá transmitir el sentir de ese momento. De ahí nuestra más profunda envidia.
    Pues venga. A seguir con el relato que no se aguanta la expectación.

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