Yakarta, capital de Indonesia

Singapur realmente nos gusta, es indudablemente más parecido al lugar donde hacemos nuestra vida cotidiana, y eso relaja! La limpieza, el orden, la combinación de lo moderno con la historia, la mezcla de caras, culturas y tradiciones. Por esto y más merece al menos unos 3 días más ( 1 semana como mínimo) pero es caro, se nos escapa del presupuesto y aún nos queda mucho camino que recorrer, por lo que la decisión está tomada… cambiamos una vez mas de país… nos vamos a Yakarta capital de Indonesia, haciendo caso omiso a los comentarios escuchados hasta el momento sobre la falta de interés que despierta esta caótica mega ciudad de unos 18 millones de habitantes según datos oficiales!

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La idea era anticiparnos y avanzar con la esperanza de que nos confirmen definitivamente la próxima “work experience” a unos 150 km en Western Java… por lo que un par de noches nos daría tiempo. Salieron como perdigones las “requests” de couchsurfing. Unos minutos más tarde teníamos ya donde quedarnos en la capital, que sólo por eso, por ser la capital para nosotros despertaba cierto interés…

Indonesia es el cuarto país más poblado del planeta, con casi 260 millones de habitantes. Es también el país con más musulmanes del planeta. Es el país que nos recibió con sonrisas, nos abrió las puertas de sus casas, nos mostró formas de vivir diferentes, nos invitó a pasear, a una boda típica, a jugar con locales. Muchos de ellos ajenos a lo que nuestro mundo está promoviendo de su religión. Muchísimos ajenos a las guerras que se desatan utilizando el nombre de su religión.

Nuestro nuevo anfitrión nos envía las coordenadas para la llegada, lo que luego debíamos ampliar a nuestra llegada y resolver tema comunicación, es decir, comprar una tarjeta Sim local… como en cada país nuevo.

Llegamos en un vuelo de Tiger Air a una modesta terminal del aeropuerto de Yakarta. (http://www.aeropuertosdelmundo.com.ar/asia/indonesia/aeropuertos/yakarta.php) Sin demasiadas opciones para elegir compañía telefónica, nos piden 250.000 RP por una sim (17 €), cosa que nos parece excesivo teniendo en cuenta los valores locales, además de abrumados por los ceros y reusamos. Seguramente encontraremos una más barata. Nos dispusimos a seguir los pasos indicados.

Un autobús de la empresa Damri nos llevaría luego de 1h30 hasta la estación de Pasar Minggu al sur de la ciudad por unas 40.000 Rp ( 2,30€) donde Agam, nuestro nuevo anfitrión nos esperaría para llevarnos a su casa, eso si lográbamos comunicarnos!

La estación de buses fuera de la terminal del aeropuerto no es más que un gran techo con algunos puestos de comidas y una taquilla donde comprar los billetes. Mucha gente aguardando el grito de que su autobús está entrando en una de las 2 plataformas que sirven de carga y descarga de los buses que entran y salen cada 5 minutos, sin parar… el nuestro llegaría en 20 minutos, nos dicen. No comprendemos las pantallas de anuncios, no sé si culpa del calor, o porqué. Nos queda confiar en el guarda que anuncia los autobuses y a esperar… para nosotros la confusión es total! La gente se amontona, sube y baja, viene y se va.

Ya pasado el mediodía y el calor se hace sentir con fuerza, pasados unos 30 minutos, preguntamos nuevamente y la respuesta era obvia: 20 minutos! A las señas indicamos a uno de los “responsables” donde estábamos sentados, jugando con Pedro.. que estaba ajeno a toda la situación claro. Mientras tengamos sus juguetes a la mano y uno de nosotros esté dispuesto a jugar con él, nada más le importa.

De repente escuchamos “Pasar Minggu” y vemos que el guardia nos hace seña.. juntamos rápidamente los bártulos y cuando subimos al bus nos encontramos unas 40 caras que miraban con cara de “…mmm…aquí no hay mas lugar!!!” Y efectivamente no lo había. Bajamos, sacamos las mochilas y el bus se marchó… el guarda nos mira y adivinen que nos dice: que “ en 20 minutos” venía otro!

Ya alertas por la experiencia hacemos guardia en primera fila hasta lograr el objetivo. En el camino al centro de la ciudad es visible la cantidad de gente y trafico. A medida que nos acercamos se ve un típico skyline con los contrastes de casas precarias, gente cruzando la calle y esquinas llenas de motos esperando su turno de paso. Una maniobra violenta del conductor nos alerta a todos de que aquí se conduce a lo loco y el primero que llega es el que pasa.

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Luego de un entretenido viaje llegamos a nuestro destino, la terminal de Pasar Minggu… o mejor dicho en frente, y en estas ciudades, cruzar la calle es una odisea. No teníamos claro donde quedaba exactamente, habíamos dejado el centro hacía bastante y estábamos en una zona totalmente local, por lo que los intentos de preguntar por dónde teníamos que ir no dieron resultado… buscamos un teléfono publico sin éxito. Ni hablar de encontrar wi-fi.

Un calor abrazador, cargados y con Pedro ya dormido a pesar del ruido de las sirenas de los paso niveles anunciando el paso de los trenes y un tremendo trafico en medio de no sabíamos donde… e incomunicados, era una situación que debíamos resolver. Nos movimos preguntando a todo el que se cruzaba por nuestro camino hasta que al final nos indican donde estaba la estación de buses… o lo que fuera ese lugar.

Entre los puestos de comidas y las caras sorprendidas de los allí presentes por nuestra llegada, una tienda de venta de móviles nos da la bienvenida y algo más de tranquilidad… Pedro en brazos de Ro ya en la sombra y Lucio en la difícil tarea de comprar una SIM sin intercambiar una sola palabra de ingles y a las señas. El resultado fue una compra por sólo 20.000 RP (menos del 10% de lo que nos pedían en el aeropuerto).

Por fin comunicamos con nuestro anfitrión que nos dice que se pone en camino, que debíamos esperarlo en la puerta de la estación… que estaba saliendo… no dejábamos de asombrarnos por el movimiento, ruidos de bocinas, gente… un caos que parecía normal y todo estaba a nuestro alrededor… los únicos turistas, fue de las veces que más nos miramos y preguntamos ¿qué hacemos aquí?

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Algo más de una hora había pasado, Pedro ya despierto y jugando con los policías de la puerta de la estación mientras nosotros mirábamos cada coche o moto que se acercaba con cara de “soy yo” inquietos por entender como saldríamos de esta situación… hasta que por fin para una camioneta blanca! Es Agam que cierra esta aventura!

No hizo falta mucho para darnos cuenta del porqué de su demora. El tránsito es tremendo y las calles no ayudan en nada.. todo se va engranando con lentitud… nos vamos a casa de su padre, ya que a su casa a unos 15 km, a esa hora, tardaríamos al menos 2 horas.

Lo que quedaba del día fue para jugar y descansar, miramos películas (hacía mucho que no lo hacíamos) cenamos y nos fuimos a casa de Agam a dormir.

Una de las 20151108_114957.jpgcaracterísticas de hacer couchsurfing es que las casas de familia no siempre están en las zonas turísticas, al contrario, a veces están fuera del núcleo central, donde vive la gente y su cotidianeidad. Este era el caso de Agam. Un joven de apenas 20 años, que vivía solo en la antigua casa de sus padres.

Como ésta quedaba un tanto alejada, dentro de un barrio privado por el que no pasaba el transporte público, se ofrecía constantemente a llevarnos hasta la estación, y recogernos luego. Oferta que recibíamos de manera muy positiva!

 

 

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Les debemos los carteles en inglés

Asi fue como el segundo día nos deja en la estación de tren de Universitat de Jakarta. No sé si lo comentamos antes, pero Jakarta tiene una población no oficial de casi 20 millones aproximadamente, lo cual no sólo se siente, sino que se ve a cada paso. El tren, es económico ( 2.000 RP/0,13€ por trayecto) y elegido por varios de esos millones, va y vuelve abarrotado. No importa la hora.

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Nos subimos al tren y evidentemente somos los únicos turistas. Todos nos miran, nos observan. Los niños nos sonríen. Los adultos nos saludan. Los más sociables nos preguntan de dónde somos. Es muy normal que los locales quieran practicar su inglés con los foráneos, y para nosotros es fabuloso poder intercambiar un par de oraciones.

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Rápidamente nos hacemos amigos

Hacemos combinación para llegar a la estación central. En ese momento la lluvia hace su aparición después de unos 6 meses muy secos. Todos miran contentos, se ve que la echaban de menos. El chubasco para cuando llegamos a nuestro destino, la estación “Juanda”, que nos dejará a un par de kilómetros del Monumento Nacional. En el camino teníamos una parada recomendada, la famosa heladería “Ragusa es Italia”, situada frente al rio, aunque la vista del mismo no es la más agradable a los ojos y sobre todo al olfato.

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Luego del heladito y fotos correspondientes de sus curiosidades , seguimos camino al gran parque que rodea el Monumento Nacional, una especie de obelisco, de unos 130 mts, que simboliza la lucha por la independencia indonesia.

 

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La puerta de entrada está, como todo, abarrotada de gente y algún que otro “buscador” de turistas distraídos… casi tenemos nuestro primer mal momento allí, por suerte nos dimos cuenta rápido de la mano que quiso sacar el móvil del bolsillo de la mochila, y comenzamos a increparlo, haciéndole perder las ganas de sustraer algo que no era suyo.

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El parque que rodea el National Monument es tan grande que se puede recorrer en unos trenecitos muy pintorescos. Nosotros lo hicimos caminando, hasta que el sol estaba demasiado fuerte y decidimos que ya era suficiente, y que era momento de ir en busca de una cerveza bien helada – tarea de lo más difícil en un país como este.

 

 

Pedro, agotado por el calor y la caminata, se queda dormido. Nosotros buscamos la puerta que nos deje lo más cerca posible de algún centro comercial, lugar donde seguramente encontraremos aire acondicionado para pasar las horas de siesta frescos, y cerveza para lo mismo. Las grandes distancias que separan una calle de otra, un barrio del otro, nos hace recalcular la dirección, e intentar encontrar un lugar fresco… ya la cerveza no importaba.

Luego de la parada energizante, decidimos volver a la estación donde nos buscaría Agam para llevarnos a cenar y conocer a su padre con quien mantuvimos una interesante charla sobre el país y sus costumbres. Aprovechando que formaba parte del Ministerio de Salud no dudamos en atosigarlo a preguntas que contestó muy amablemente. Una gran noche.

 

Si bien nuestra visita a Jakarta fue corta y no tuvo mucho en particular, ni turística de relevancia fue una buena bienvenida a la multitudinaria, caótica pero muy amistosa Indonesia.

Nuestra próxima parada sería Cianjur, un “pequeño pueblo” de casi 2 millones de habitantes, donde nadie entendía porque íbamos allí… y que llegamos casi por error… uno de esos errores que luego agradecemos haber cometido.

Ya tenemos los billetes de tren… nos vemos en el camino…

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Un comentario en “Yakarta, capital de Indonesia

  1. Pingback: Seis meses alrededor del mundo… | bagsnbibs

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