Singapur, la isla de los sueños

La llegada a Singapur significó un cambio, sin dudas. Veníamos de islas y pueblos de pescadores donde los detalles urbanísticos nada importan, donde la cultura del “úselo y tírelo” se manifiesta en cada calle, donde los contrastes y diferencias sociales son obvios, y nos encontramos con una magnífica, ordenada, limpia y pujante ciudad estado, reconocida como uno de los lugares con el más alto nivel de vida (según parámetros con los que no estamos muy de acuerdo, pero es otro tema!). Aqui todo es posible!

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Esta pequeña isla estado, con casi 5 millones de habitantes es a primera vista distinta de sus vecinas capitales  del sudeste asiático.

La primera marca de distinción es el aeropuerto y su música clásica, todo parece impoluto. Luego se suma el transporte público, con aire acondicionado y puntual. La línea de metro te lleva desde el Aeropuerto hasta el centro de la ciudad y una amplia red, a la que se suman los autobuses, casi a cualquier parte. Compramos una tarjeta de 4 días por 26 SGD (17€ aprox) que era, para nosotros lo más conveniente. (Pedro hasta los 3 años no paga y las hay para diferentes días). El metro es exageradamente limpio y organizado, tremendo aire acondicionado y con horarios regulares -eso sí, nos percatamos que hay cartelitos para todo, dónde debes pararte, entrar, salir, todas las prohibiciones existentes, por ejemplo no puedes comer chicles ni por supuesto “durians” fruta típica con un olor particular y molesto.

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Pero lo que la diferencia más de sus vecinas asiáticas es el orden y número de coches transitando sus calles. Comparada a su vecina Kuala Lumpur, o Jakarta, aqui circulan muchísimos menos coches, motos, tuc tuc, etc, lo que hace que caminar por sus calles no estrese demasiado.

Luego de varias paradas llegamos a nuestro hospedaje, esta vez contratado mediante Airbnb en uno de los barrios periféricos, ya que los precios aquí son más parecidos a los Europeos. Es decir que en el centro un hotel podría costar unos 100€, cosa que no nos podemos permitir.

Pedro aprovecha el fresquito del metro y se queda dormido, salimos de la estación y el calor nos da un abrazo, mas bien nos da un par de cachetadas, así que con todos los bártulos nos dispusimos a encontrar el apartamento. Al fin lo logramos, subimos las empinadas escaleras y aprovechamos a dormir una siesta matinal todos.

Además de conocer la ciudad, teníamos varios objetivos en mente, el primero y sin dudas uno de los más importantes, era conseguir yerba!! Estábamos secando al sol los restos del ultimo mate y mezclando con té verde de “Cameron Highlands”, pero luego de varios intentos habíamos decidido abandonar la explosiva y diurética mezcla.

Por la tarde, luego de preguntar en varios lugares por la mejor manera para llegar al centro, nos subimos al autobús y allá fuimos. Debemos decir que para nuestro gusto los carteles de las paradas no son lo suficientemente claros, o mejor dicho, estamos acostumbrados a carteles más claros. Nos decidimos por uno, que dobló para el otro lado, entonces abajo y en el segundo intento, a puro instinto, tuvimos más suerte.

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A medida que nos acercamos al centro se comienzan a ver los extravagantes edificios y construcciones futurísticas… hasta que aparece el skyline del “downtown” de Singapur, que es simplemente impresionante. Vemos cómo de un lado se encuentran aquellos edificios de los años `80 o `90, y del otro lado, los más modernos, encabezados por el majestuoso Marina Bay Sands, el Hotel 5 estrellas que consta de tres edificios unidos en su terraza por una gran plataforma en forma de tabla de surf, donde se encuentra una piscina súper exclusiva, un restaurante, y una plataforma de observación para los turistas.

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Marina Bay Sands

Los rascacielos de este lado, espejados, con formas irregulares, le hacen honor a las ultimas películas de James Bond. Nos transportamos al futuro con sólo mirar para arriba y dar una vuelta con la mirada.

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También debemos destacar la limpieza de las calles, lo bien cuidado que tienen el césped de los parques, las facilidades que ofrecen, por ejemplo ventiladores gigantes alimentados con energía solar en el paseo marítimo, punto de parada para aquellos que salen a correr o caminar. Aparentemente nadie sobrepasa ningún limite. Todo parece respeto y ejemplo de civismo.

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Vista de Gardens by the Bay, y la Bahia de Singapur

 

Una de las primeras visitas que hacemos es a la plataforma sobre el Marina Bay Sands. Esta imponente ubicación nos regala una visión de 360º de Singapur. Desde aquí vemos el “Gardens by the Bay”, un lugar de fantasía, donde transforman la basura, mediante un proceso que necesitaríamos otra página para explicar, en aire puro que lanzan al cielo desde unas enormes chimeneas con forma de futurísticos arboles gigantes. Mirando hacia la bahía nos sorprende la cantidad de barcos, como si fuera una tremenda flota a punto de atacar… pero en realidad sólo esperan su turno para poder ingresar al puerto, uno de los más grandes del Sudeste Asiático.

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Vemos el gran circuito de Fórmula 1 que pasa en medio de las calles. Y mucho más…

La gran piscina, que termina en el borde del edificio, llena de huéspedes haciéndose selfies, queda del otro lado de la plataforma y por supuesto que no podemos pasar. Miramos a los que la disfrutan con un poco de envidia, sobre todo por las selfies que no podemos sacar jajaja. Pedro ajeno a todo y luego de mirar la gigantesca noria, busca su mochila de los juguetes y como si se tratara del patio de casa, despliega camiones, trenes y vías para pasar un buen rato!… al grito de mamá, papá vengan a jugar, nos sumamos como ya es una costumbre… mientras admiramos y descubrimos cada detalle que la vista nos permite.

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Ya con el sol escondiéndose entre los rascacielos y un duro trabajo de persuasión, juntamos los juguetes y bajamos de la plataforma en busca del restaurante argentino donde podríamos encontrar yerba, según las investigaciones realizadas.

Bajamos en la parada de Chinatown y caminamos un poco… aquí nos dimos cuenta de lo rebuscada que es la ciudad para los transeúntes. Los mapas, gps, etc. nos ayudaron bastante pero es inevitable parar en las esquinas para redirigir o preguntar.

Como20151103_185529.jpg se sabe: preguntado se llega a Roma… en nuestro caso… llegamos a “Bochinche” en la bonita zona cerca de Clarke Quay, cuya columna vertebral es un paseo a orillas del río Singapur, llena de restaurantes “westerners” y un ambiente de lo mas “regio”. Ni se imaginan el gran alivio al ver enormes cantidades de paquetes de yerba mate!! Marchen 2 kg a 19 SD (14€ aprox) cada uno… pero que mas dá! A esta altura lo vale!

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Cuando salimos, con la preciada mercancía bajo el brazo, era de noche por lo que asistimos a otro espectáculo que se ve en Singapur. Todo iluminado de diferentes colores, mucho led y rayos que se deslizan por el cielo, música, gente en todos lados, un bonito ambiente, con una temperatura algo más aceptable. Caminamos hasta la movida zona de Clarke Quay ya con hambre por lo que nos sentamos en uno de los barcitos con vistas a un canal que nos recordó a los canales de Ámsterdam, pero iluminado como si estuviésemos en Las Vegas!

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Una de las particularidades de Singapur, es la mezcla respetuosa de nacionalidades culturas y religiones. Son casi 2.5 millones de inmigrantes que viven y trabajan allí; el 75% de su población es descendiente de chinos y el resto una ensalada de nacionalidades. Hay iglesias, templos budistas e hinduistas, mezquitas y sinagogas. China Town, Little india y Bugis…cada barrio marca su identidad pero la suma hace a la riqueza. Seguramente todos viven en armonía respetando sus diferencias. Tuvimos la posibilidad, mientras Pedro compartía sus juguetes dispersos por todos lados en una plaza llena de niños, de charlar con uno de los padres, que nos dice que la “convivencia es obligatoria” en tan pequeño país . “Chinsu” (o algo así) es la tercera generación de una familia china y nos confirma que el nivel de vida, seguridad, educación y salud están asegurados, eso si a un alto costo económico, que los salarios y muchas horas de trabajo y esfuerzo pueden costear. También debemos agregar que el país es famoso por la duras penalizaciones a las violaciones de las reglas, todo es propenso a multa. De pensarlo ya nos estresamos!

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Nuestro segundo día en Singapur comienza camino a Little India (barrio indio), que nos recibe con las calles decoradas con el objetivo del gran festejo “Deepavali”, o Festival de las Luces, que brinda homenaje a la victoria de la luz frente a la oscuridad, de la sabiduría frente a la ignorancia. Es curioso y colorido el paseo, con las callejuelas y los edificios típicos del siglo pasado, gente y puestos por doquier que complican el paso de nuestro carrito, al que Pedro entre llantos y “upa mamá” se reúsa a subir. Unos cuantos templos hacen la visita culturalmente interesante.

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El calor se hace sentir así que hacemos una parada obligatoria para comer en un MacDonals ( y sí! a veces, aunque parezca mentira, es necesario!), para luego continuar el paseo por le barrio de Bugis, algo más “europeizado” con edificios que hacen referencia a la época colonial, el Hotel Ruffles, la iglesia de St. George.

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Unas calles más adelante el Museo Nacional, el Parlamento, el Victoria Concert Hall hasta cruzar el histórico puente Fullerton que te lleva al Down Town y sus rascacielos.

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Bordeando el río y como una pequeña línea del pasado se encuentra la zona de Boat Quay con sus pequeñas casas a orillas del río todas transformadas en bares y restaurantes listos para el “after office” de los trabajadores de la zona. Nosotros aprovechamos lo desierto de la hora y disfrutamos de una cerveza con vistas espectaculares, mientras Pedro hacía su siesta cotidiana.

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Aprovechado el momento de tranquilidad, decidimos quedarnos un par de días más en la ciudad así que también fue un buen momento para la búsqueda de alojamiento. Esta vez más cerca del centro… de hecho en la misma calle donde estábamos encontramos un hostel, quizás lo peorcito de todo el viaje.

La cerveza es casi un lujo en la ciudad, por lo cara! (12 SGD – 20 SGD entre 7€ y 14€) Pero el momento ameritaba la 2 vuelta! Al rato Pedro se despierta de mejor humor, por lo que todos decidimos unirnos a la multitudinaria clase de baile que se estaban llevando a cabo a unos metros del lugar sobre el paseo rivereño. Cabe destacar que es muy habitual ver gente haciendo deportes por la calle y nosotros no queríamos ser la excepción!

Ya con el cuerpo en forma y cayendo la noche, nuestra siguiente parada era el Marina Bay para ver el espectáculo de luces y láseres que cada día desde las 20hs se ofrece de forma gratuita para los visitantes de la ciudad. Decidimos seguir caminado para ver los edificios iluminados. La zona evidencia un nivel importante, gente muy bien vestida, buenos coches… en fin… estábamos algo desalineados…pero con la frente en alto! Jajaja.

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El mal rato fue cuando al intentar sacar una foto nos damos cuenta que no teníamos la cámara!… Automáticamente rebobinamos para encontrar el posible momento del despiste… y Ro recuerda haberla dejado en el parque frente al Victoria Concert Hall. Asumiendo la responsabilidad se lanza al rescate, con esa sensación horrible de la “perdida” mientras los chicos continuan el camino para posicionarse para el espectáculo.

Caminar sin mamá no es tarea fácil para su fan numero 1º, y a los pocos metros comienzan las preguntas “¿y dónde está mamá? ¿dónde fue? Quiero ir con ella”. A lo que hay que atacar con juegos y “postas”, es decir ir marcando objetivos que llamen la atención y así avanzar, cosa que en Singapur no es problema, puentes, escaleras mecánicas, luces, etc..

“DREAM” era el punto de encuentro, sobre la bahía, donde un rato más tarde llegó mamá, con la cámara en mano ( la había encontrado una persona y entregado a los guardias del parque), justo a tiempo para disfrutar de un maravilloso espectáculo de luces y regresar a casa con una sensación de estar satisfechos.

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Una de las visitas que más nos gustó es el barrio de Kampong Glam que en medio de los modernos edificios conserva las casas coloniales, convertidas en tiendas de diseñadores alternativos, cosas curiosas, bares y un ambiente muy interesante. Se puede comer por la zona, pasear y sacar fotos con los contrastes.

 

 

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El calor es abrazador por lo que hay que tomarse las cosas con calma. Una buena opción es el Gardens by the Bay, con sus diferentes atracciones y parques o bosques. La mejor opción para nosotros era hacerlo por la tarde, para luego quedarnos a disfrutar del espectáculo de luces y música. Además de los jardines botánicos con forma de estación espacial hay un parque de agua para niños, donde pasamos un buen rato fresquitos y divertidos.

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Juegos de agua en Gardens by the Bay

Lo que destaca más del lugar son los “arboles del futuro” como le llamábamos con Pedro, construidos de estructuras metálicas y jardines verticales, un puente colgante que une alguno de ellos y un restaurante en el “árbol madre”- sólo faltan los “avatares”- o pensándolo bien, había alguno por ahí!

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La noche da el paso a la iluminación y todos los visitantes, en procesión nos vamos acercando al centro para tomar posiciones y poder presenciar uno de los espectáculos de luz y sonido más espectaculares a los que hemos asistido, podríamos decir que la combinación de luces y las canciones seleccionadas hacen que la piel se ponga de gallina y los ojos se llenen de lágrimas, es sensorial, es impresionante, es realmente algo para vivir! Pedro alucina con la música y las luces, tanto que aún lo recuerda.

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Felices con lo vivido, la salida del parque con el hotel Marina Sands Bay, la noria, y todo el entorno iluminado hacen de la visita una experiencia inolvidable…

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Estábamos cerca de nuestro horrible pero bien ubicado hostel, por lo que caminamos de regreso sin problema. Habíamos quedado en uno de los bares con Marcelo (el argentino que conocimos en Langkawi) para tomar unas cervezas y/o cenar algo. Luego de un momento de distención, y grandes charlas nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente salíamos para Indondesia…

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Un comentario en “Singapur, la isla de los sueños

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