Mi “mantra” en Bali

Hace bastante que quería comenzar a escribir algunas reflexiones o pensamientos que se me cruzan durante el viaje… Y hoy, luego de una buena charla mediante mensajes de voz con una amiga, me he propuesto escribir la primera.

Se trata de la búsqueda y encuentro de un mantra. De mi mantra en Bali. “Un mantra es una palabra sánscrita que se refiere a sonidos (sílabas, palabras, fonemas o grupos de palabras) que, según algunas creencias, tienen algún poder psicológico o espiritual. Los mantras pueden tener o no significado literal o sintáctico.” (wikipedia)

Mi necesidad de reflexión y búsqueda comienza por esta confesión: “Estoy en Bali y NO lo estoy disfrutando”. No se imaginan la batería de ideas y acciones que esto provocó!

Fui plenamente consciente de mi malestar cuando estaba chateando con mi amiga y grabé un mensajito de voz.  Mi amiga me contesta: “Vos te escuchaste?”
Que maravilloso poder escucharse!! Volví atrás, apreté el play de mi mensajito y me escuché. “Cansada… Agotada… Me falta tiempo… Etc etc”.
Guauuuuu…. Es así como me siento realmente? Es esta la imagen que quiero grabar en mi mente de mi paso por Bali?

Inmediatamente un vendaval de preguntas y reflexiones me invadieron. Comencé por donde siempre comienzo cuando me siento perdida: a ordenar.

Sé que se trata sólo una sensación momentánea pero necesito revertirla lo más rápido posible… 
Sin olvidar nunca lo afortunada que soy, existen momentos oscuros… Aún estando en Bali. Todos conocemos estos momentos. Generalmente nos pasa cuando estamos cansados, mal dormidos, o nos está faltando alguna vitamina. Los días se hacen largos y pesados, y podemos estar en casa, o en el trabajo, o en Bali, y sentirnos por el suelo. Nunca les ha pasado?

Luego de escucharme a mi misma quejándome, empecé a pensar en el porqué. Sin ánimo de justificarme, pero con la necesidad de saber. Llegué a la conclusión de que después de poco más de dos meses viajando, la sola idea de armar y desarmar la mochila me agotaba. Ni hablar de Pedrito, quien con su reloj biológico madrugador, no perdonaba ni un día… Y casi al alba ya estaba sentado en la cama pidiendo ir a jugar. Y yo no tenía ni un milímetro de ganas de jugar con él. También estaba la tarea de planificar los siguientes días, qué hacer, dónde dormir, dónde comer… Claramente no estaba disfrutando del “proceso”. Tenía cada vez menos paciencia y menos ganas de hacer cosas. No estaba disfrutando del hecho de tener todo el tiempo para mi familia, ni les estaba dedicando tiempo de calidad. Sentía que los días pasaban con un monótono gesto de “estoy cansada”. Y todo esto estaba influyendo negativamente sobre el bienestar de la familia. Me retumbaba en la cabeza una frase que lei hace poco, muy real para mi: “Happy wife, happy life”.

Estas situaciones pueden suceder tanto si estamos a full, trabajando todo el día, como si estamos ociosos, con todo el tiempo del mundo; tanto si llevamos una vida normal, como si estamos dando la vuelta al mundo. La diferencia es que si nos sucede cuando estamos a tope de trabajo, tenemos justificación: “Estoy tan a mil que no doy más “. Pero en la segunda situación, no habría motivo para sentirse así. No tengo excusa. Y ahí es cuando viene lo peor: te sentís mal sin motivo aparente; luego te sentís con culpa por sentirte mal. Horrible círculo vicioso.

El árbol del cansancio y sus consecuencias me estaban tapando el bosque.

Que hacer? Esperar a que se me pase solo? Podría poner ofrendas al dios de la paciencia y esperar… Pero no se cuán rápido funcionan estos dioses hindúes… También podría hace yoga, después de todo estoy en la meca de los yoguis. Pero debería hacer un curso súper intensivo para recanalizar la energía… En fin, podrían ser días… O semanas….

No! Quiero cambiar la manera en que me siento aquí y ahora.

Y así de decidida comencé a hacer pequeñas cosas que me ayudaron a ir en la dirección de “Happy wife, happy life”:

1- Contarlo a alguien. Hacer catarsis es una buena manera de comenzar. No le quito mérito a la terapia, pero la dejaré para cuando vuelva a tener un lugar fijo. Con tener una amiga, hermana, madre, tía, ya es suficiente. Ojo! No es que sea feminista pero existen varios estudios que dicen que tanto hombres como mujeres buscan hablar de sus emociones con otras mujeres. Contar lo que nos preocupa o nos tiene tristes nos obliga a expresarlo con palabras. Los sentimientos se transforman en algo más racional. Pasan de una parte del cerebro inconsciente a otra más consciente, se puede definir, se puede medir.

2- Respirar. Oxigenarnos antes de hacer un reclamo, dar un grito, pegar un portazo, tirarle a alguien con un cenicero o querer ahogar a su hijo en la pileta. He probado con respirar profundamente como mínimo 3 veces. Esto nos ayuda a cambiar la manera en la que vemos la situación aquí y ahora. Por ej: tu hijo tira el móvil por el inodoro, porque es divertido y quiere verte enojada. Pues respira, respiiiiiiiaaaaa… Reeeesssspiiiraaaaaa… Saca tu móvil del agua, ponlo en un frasco con arroz. Y luego piensa en cómo hacerle entender que eso no se hace. Verás que las ganas de matarlo se han suavizado. Por supuesto que esta acción requiere una medida didáctica. Pero el hecho de no empezar a gritar como loca, cuando ni yo misma entiendo lo que digo, ya me ha dado un aire de bienestar.

3- No reclamar. Ningún reclamo tiene resultado positivo. Al contrario, genera resentimiento de un lado y cansancio del otro. Si no me creen, pregunten a sus parejas si les genera más o menos amor escuchar reclamos todo el día. Sea como sea, debo reconocer que Lucio es una maravilla de padre y siempre le enseña cosas importantes a Pedro, pero no está tan pendiente de sus horarios de comida, o de siesta, por ejemplo. Entonces para él es igual comenzar una excursión de 4 horas a las 10, a las 11 o a las 12… Luego, el peque se duerme a la mitad, sin comer, etc, etc. Supongo que yo estaba pretendiendo que se diera cuenta sólo. Y si no lo hacía, ahí caía mi reclamo! Filoso como navaja. Entonces yo me cansaba de tener que reclamarle, y él se cansaba de que yo le reclamase. Me di cuenta de que si estamos en el mismo barco, remando para el mismo lado, el reclamo es un ancla que no nos deja seguir adelante, nos frena. No es mejor proponer acciones de manera positiva? Pues si! Entonces, luego de dos o tres respiraciones… “Amor, hagamos la excursión mas temprano porque en un par de horas tenemos que parar a comer.” En lugar de: “Yo sabía que le iba a dar hambre… Yo sabía que se pondría de mal humor… (pues si lo sabia, porqué no hice nada antes? Porqué no actué?).”Cambia no? No reclamar es una acción simple, que no requiere demasiado esfuerzo y es muy positivo para la pareja. De que me vale reclamar a Lucio que se pase horas en el baño… Si eso lo hace feliz, porqué no dejar que lo sea? Recuerdo las palabras de un amigo: “Si te hace feliz… Hacelo”.  Después de todo, el objetivo de una relación es sumar no restar. El reclamo siempre resta. Tanto de uno como del otro.

4- Siempre tenemos opciones. Respirar y elegir la que nos haga más felices. Por ej: luego de pasar varios minutos caminando por una calle ruidosa, atestada de gente y coches, una calurosa noche, buscando lugar donde comer, nos sentamos en un lugar que le gustaba a Lucio. Yo hubiese preferido otro. O el primero que habíamos visto. Igualmente comeríamos arroz así que poco importaba dónde. Pero él nunca se queda con el primer lugar. Viene la comida luego de esperar una eternidad, poca y muy picante… En fin, Pedrito ya estaba cansado y aún no habíamos cenado. Y evidentemente él no podría comer eso tan picante. Lucio se dio cuenta de toda esta situación. No se justificó. Al contrario, me pidió perdón. Yo respiré hondo varias veces… Y elegí no decirle nada. Elegí no reclamarle nada. Elegí que yo me sentiría mejor conmigo misma si no me ponía histérica y caraculica. Ya bastante mal se debe haber sentido como para que yo le sume un ataque. Por el contrario, elegí ser proactiva. Le dije que no se preocupe, que iría al puestito de al lado y traería algo para Pedro. Elegí ponerle humor y pensar en la cara de Pedro probando algo picante. Y en nuestros trastes al querer eliminarlos… En fin, una situación que podría haber terminado en tragedia Griega, se transformó en graciosa. Tratar de elegir siempre el camino que sabemos será mejor. Con la edad supongo que esos caminos son cada vez más claros. Sabemos que el reclamo no conduce a buen puerto, pues no lo elijamos. Sabemos que el insulto nunca contribuye positivamente, pues no insultemos. Elijamos el mejor camino.

Creo que estas cuatro acciones, muy fáciles de hacer, por lo menos para mi, me han ayudado a recuperar el bienestar emocional casi inmediatamente. La balanza se vuelve a volcar hacia el lado de la carita feliz! Para mi y para todos.

“Happy wife, happy life” ha sido mi mantra en Bali. Y creo que lo seguirá siendo por mucho tiempo.

Gracias Layla por haber sido la generadora de esta batería de ideas!

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